Zonas Económicas Especiales… ¿Y el turismo?

 

 

El Universal

 

  • Luego de su aprobación en comisiones en la Cámara de Diputados, es probable que en esta última semana del calendario legislativo se formalice la existencia de las denominadas Zonas Económicas Especiales.
  • Sin duda, esta iniciativa impulsada desde el Ejecutivo, representa una idea poderosa que puede llevar importantes beneficios a regiones desfavorecidas, con el ofrecimiento de incentivos fiscales como señuelo para impulsar la inversión; es decir, se hacen concesiones de corto y mediano plazo, prescindiendo de ingresos fiscales, en el ánimo de propiciar la llegada de inversiones con posible efectos de arrastre que contribuyan a mejorar las condiciones socioeconómicas, en el entorno del emplazamiento de las nuevas empresas, dicho espacio geográfico estará limitado a las 10 entidades federativas con mayor pobreza multidimensional, conforme a la información del Coneval.
  • Sin embargo, llama la atención el que, una vez más, el turismo es dejado de lado y su probada capacidad para generar desarrollo es subestimada.
  • En primer término, sorprende que en la exposición de motivos de la iniciativa enviada al legislativo, los técnicos de la Secretaría de Hacienda que la prepararon cometieron una importante omisión al olvidar una de las más significativas y eficaces acciones de política pública para impulsar el desarrollo social y económico en el país, emprendida, por cierto, por un gobierno priísta desde el Banco de México, en los tiempos en que no había autonomía en dicha institución; me refiero, por supuesto, que a los Centros Integralmente Planeados y en especial al de Cancún.
  • En dicho sitio, se configuró un espacio geográfico perfectamente acotado, con características de una Zona Económica Especial, incluso más allá de las que hoy se proponen, pues Fonatur durante muchos años fue un garante del ordenamiento territorial, función que con el tiempo y en una mal entendida soberanía municipal perdió, con consecuencias que han puesto en riesgo la competitividad del destino.
  • La única razón por lo que la región sur-sureste del país tiene una entidad federativa —Quintana Roo— que no califica entre las veinte con mayor número de personas en pobreza es, precisamente, la del papel del turismo para generar desarrollo, a partir de las ventajas comparativas disponibles.
  • Esta grave omisión se traduce en un impedimento explícito para aplicar la nueva figura para fines turísticos, pues solo considera a las “actividades de manufactura, procesamiento, transformación y almacenamiento; la prestación de servicios de soporte a dichas actividades y…”
  • De igual forma, así se explica la previsión de que las Zonas se establecerían en inmuebles de propiedad particular o en inmuebles de la Federación, lo que parece funcional desde el punto de vista práctico, pero supone una visión limitada para poner en valor los abundantes atractivos turísticos con los que cuentan los estados del sur del país y que constituyen verdaderas ventajas comparativas, que estando dispersas en el territorio no caben en un inmueble.
  • En un país en que la ley mandata que la actividad turística es prioritaria, lo que, por cierto, ha sido refrendado por el gobierno federal en turno, una vez más esta prioridad se pone a prueba y corresponde al Legislativo hacer valerla, abriendo la puerta a que el turismo tenga una oportunidad de realizar contribuciones en el combate a la pobreza, permitiendo la inclusión de actividades turísticas en polígonos territoriales como Zonas Económicas Especiales, en aquellas entidades que cumplan con las condiciones estratégicas planteadas en la nueva Ley. No sobraría pensar que se pudieran incorporar capacidades de gestión federal sobre el uso del suelo y otras tareas de competencia local, en virtud de la debilidad institucional de estos estados con menor grado de desarrollo.
  • Un último apunte parece necesario. Además de que al amparo de la Ley propuesta no podría repetirse porque la actividad turística no califica para ser apoyada, tampoco podría hacerlo pues de acuerdo con los términos propuestos, se requiere que en la localidad en dónde se asentará la Zona Económica Especial haya entre cincuenta y quinientos mil habitantes. En Cancún había solo un puñado de pescadores.