Historia de la Concanaco Servytur
Para referimos a la fundación e historia de la Concanaco Servytur México es necesario referimos a la importante labor que desempeñaban las Cámaras de Comercio, las cuales se fundaron obedeciendo a situaciones gremiales que les permitieron a los comerciantes permanecer unidos para enfrentar en mejores condiciones la defensa de sus legítimos intereses, además de mejorar considerablemente las condiciones en que se desarrollaba la actividad, desde luego que también para eventualmente comparecer ante las instancias gubernamentales a exigir sus derechos.
La existencia de las Cámaras en nuestro país se remonta al siglo XVIII, aclarando que se denominaron Cámaras Nacionales de Comercio para distinguirse de las de comercio que ya existían pero que representaban al comercio de otros países, ejemplo: Cámara Española de Comercio, Cámara Inglesa de Comercio, etc., lamentablemente no se cuenta con los documentos suficientes para acreditar dicha existencia, por lo que en respecto a las fuentes de la historia referiremos que formalmente se fundan a finales del siglo XIX; siendo las más antiguas las Cámaras Nacionales de Comercio de la Ciudad de México, cuya fundación se realizó el 27 de agosto de 1874 y la de la capital del Estado de Chihuahua que se fundó el 30 de enero de 1887, siendo su primer presidente fundador don Enrique C. Creel Cuilty.
Después de ella surgieron varias en las ciudades más importantes, tales como Monterrey, Guadalajara, Saltillo, Mazatlán, Puebla y otras más, todas ellas nacen antes de que surgiera la primera ley que en forma específica se ocupó de sus funciones y organización, por ello siempre hemos afirmado que la existencia es anterior independiente a la ley de Cámaras, y por ello afirmamos que su existencia prevalecerá por encima de disposiciones legales.
No obstante, es muy importante resaltar la existencia de la ley específica pues sin duda surgió por la pujante actividad desarrollada por las pocas pero muy activas e importantes Cámaras, en un hecho jurídico que obedeciendo a la naturaleza de la ley, atiende una de sus fuentes, la de los hechos, y es por ello que a principios del siglo XX, concretamente el 12 de junio de 1908 surge la primera Ley de Cámaras de Comercio.
Como puede verse esta ley surge en el período “porfirista”, aunque ya en su etapa final, como si se presagiara el fin de una época y el comienzo de otra, en la que las instituciones serían las que sobrevivirían a la lucha entre grupos, a la lucha por los nacientes derechos sociales, a la Revolución Mexicana de 1910, de tal suerte que de no existir las Cámaras de Comercio, la historia hubiera sido escrita de diferente manera, seguramente acentuando la sangre y las crisis sociales económicas, pues valga decir que en medio de tan cruentas luchas, las Cámaras de Comercio fueron en sus distintas sedes el único valuarte y la única autoridad civil que prevaleció y dio certeza a la escasa pero necesaria actividad económica de abasto de productos para satisfacer la demanda de distintos pueblos.
Acciones heróicas y de altruismo distinguieron a las Cámaras de Comercio, al grado de ser las instituciones que pudieron, ante la falta de moneda circulante confiable, emitir sus vales para el intercambio de mercancías, vales que fueron reconocidos por todos sus tenedores, lo que comprobó la seriedad y fortaleza de estas instituciones.
Los acontecimientos de la Revolución y las dificultades para unificar y mejorar los servicios de las Cámaras a favor de sus agremiados, fueron la pauta para que se pensara, diseñara y en su momento se discutiera la conformación de un Organismo Nacional que pudiera representar a todas las Cámaras existentes, que para entonces eran aproximadamente 40, fue ardua y altamente fructificante la labor de diseño y discusión de la conformación de este Organismo Nacional que vino a ser la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo de los Estados Unidos Mexicanos y que formalmente se fundó el 3 de noviembre de 1917, como parte central del Congreso Nacional de Comerciantes, evento que fue el marco en el que nace CONCANACO, honrado con el testimonio del Presidente de México, don Venustiano Carranza, hecho que el historiador don Carlos Álvarez Acevedo, narra magníficamente en su libro "CONCANACO: 70 AÑOS DE VIDA", de donde nos permitimos transcribir:
En los primeros años del siglo XX, el régimen presidido por el general Porfirio Díaz mostró, gradualmente, los signos de su decadencia. En materia social se agudizaron los problemas y las inquietudes.
La situación política se volvió tensa. Comenzaron a aparecer grupos de oposición franca, de que fue ejemplo el Partido Liberal Mexicano-varios de cuyos componentes pasaron del neoliberalismo al anarquismo-, y circularon más ideas renovadoras en grado múltiple. Hubo hechos sangrientos en otras huelgas, como las de Cananea (1906) y Río Blanco (1907), y estallidos rebeldes en diversos sitios.
Grupos católicos porfiaron, a su vez, por llevar a la práctica las indicaciones de superación social apuntadas en la encíclica del Papa León XIII, la Rerum Novarum; y el país, en definitiva, no tuvo ya, como en años previos, el aspecto de completo dominio que permitió, en 1895, la proclamación del Presidente como el "Héroe de la paz".
Las suntuosas fiestas del Centenario de la Independencia, en 1910, fueron como el canto del cisne de un sistema político que pronto cayó por tierra.
En estos términos, las elecciones de 1910 se convirtieron en el detonante de un estado de cosas conflictivo. El movimiento revolucionario, traducido en algunos episodios de lucha armada, provocó la renuncia del general Díaz, quedando como Presidente Interino don Francisco León de la Barra, con un mandato breve que permitió nuevos comicios y el triunfo final de don Francisco l. Madero, como jefe de una revolución triunfante que accedía al poder en condiciones que parecían propicias. Sin embargo, no tardó mucho en desencadenarse una nueva era de violencia; sus mismos partidarios, los generales Emiliano Zapata y Pascual Orozco, se rebelaron a poco de instaurado el nuevo gobierno, y el desasosiego volvió a dejarse sentir. La popularidad del Presidente fue decreciendo, y ulteriores sublevaciones, encabezadas por algunos militares del antiguo régimen, dieron pie al golpe de Estado del general Victoriano Huerta. Muertos prioritariamente el Presidente Madero y el Vicepresidente Pino Suárez, se produjo el establecimiento de una dictadura militar que se prolongó hasta 1914. Así, la política ruda del gobierno, el alzamiento de revolucionarios que) formaron el Ejército Constitucionalista, dirigido por don Venustiano Carranza, y el acoso del Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, se conjugaron para provocar el derrumbe del poder encabezado por Huerta.
Después de violentas batallas, los revolucionarios triunfaron, pero esa victoria no significó la paz. En pugna frontal unas y otras facciones, el país fue escenario de dramáticos acontecimientos, con el desquiciamiento económico de dimensiones enormes, que no pudo menos que significar una dislocación en las tareas productivas y de comercio en grandes áreas del territorio nacional. Muchos brazos dejaron de laborar. Hubo tierras que no se cultivaron. No pocos ingenios azucareros fueron incendiados. Las líneas ferroviarias quedaron, en buena medida, sin prestar servicio, por dedicarse muchas veces a fines militares. Pero, ello no obstante, se contó con quienes, a pesar de todo, y en medio del ambiente de inseguridad que se vivía, trataron de seguir produciendo y de seguir vendiendo, en la medida en que difícilmente era factible hacerlo.
